Bodega mam-infante
El proyecto original para la Bodega MAM-Infante busca recuperar el viñedo en el Condado de Huelva y la cultura vinícola que se desarrolla entorno al vino: hacerlo didáctico y a la misma vez responder a las necesidades de una industria cada vez más técnica. Por eso la propuesta se mueve entre la tradición y la arquitectura vernácula, en un entorno rural de suaves topografía donde los extensos viñedos prefiguran la vista de La Palma del Condado.
El programa de funcionamiento de la bodega induce a plantear la propuesta en dos volúmenes que se asientan en el terreno virgen sin pretensión de modificarlo, más bien buscando la forma y posición que responda por un lado a la fisionomía de la finca, y por otro lado garantice una buena orientación de forma que los vientos predominantes garanticen la ventilación cruzada que se requiere para refrescar y ventilar el interior de la bodega, donde descansan los barriles centenarios.

La morfología y la altura de los edificios la determinan las condiciones que las salas de crianza demandan para controlar las temperaturas, la luz interior y la ventilación interior. El frescor y la humedad la aportan un suelo terrizo con un sistema de riego controlado.
Estos mismo volúmenes acogen la zona de administración y la sala de cata sobre el vestíbulo principal, con vistas al paisaje de campiña y el pueblo.
El ala técnica de la bodega acoge también la recepción de la uva desde los muelles de descarga, la sala de vendimia y fermentación, el laboratorio y un almacén.

Para la crianza de determinados vinos se aprovecha la pendiente natural del terreno para generar un sótano en el que una hilera central de pares de pilares organizan las circulaciones.
Un hueco practicado en el muro de contención de hormigón es, en realidad, una ventana al pasado en el que se conserva un corte del terreno natural que ayuda a entender la formación de estos suelos arcillos, ricos de fósiles marinos de otra edad, que generan los vinos propios de nuestra tierra.

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